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Tu te convertirás en mía para siempre.
Si, nosotros nos convertiremos en socios.
Yo seré tuyo.
A partir de ahora, Yo no puedo vivir sin tí.
No vivas sin mí.
Compartamos los gozos.
Nosotros somos palabra y significado, unidos.
Tu eres el pensamiento y yo el sonido.
Quizás las noches sean dulces como la miel para nosotros.
Quizás las mañanas sean dulces como la miel para nosotros.
Quizás las plantas sean dulces como la miel para nosotros.
Quzás la tierra sea dulce como la miel para nosotros.
Si existe una joya con el más alto valor sentimental es sin duda, el anillo de compromiso.
La costumbre de entregar el anillo de compromiso surge entre los caballeros romanos, quienes aseguraban su contrato matrimonial con una pieza de hierro en forma de aro que la mujer conservaba hasta que fuera cumplida la promesa de matrimonio.
La tradición de que dicha joya llevase un diamante se popularizó a tal grado que se hicieron cortes y montaduras especiales para incrementar la blancura y el brillo de la piedra
De hecho se dice que el primer anillo de compromiso con un diamante y las características del que actualmente se entrega, fue el que en 1477 le regaló el Archiduque Maximilliano de Austria a Mary de Burgundy.
La tradición de que el anillo de compromiso se debe llevar en el dedo anular de la mano izquierda, es debido a que por sus conductos sanguíneos, va directo al corazón. Y el efecto romántico que produce en toda mujer esta joya no depende de su peso, tamaño o diseño, sino de la carga emotiva que lleva, pues simboliza una promesa de amor para toda la vida.